La Montaña no es un juego

Siempre he pensado que quien dirige sus pasos hacia la cumbre de una montaña, quien realiza el esfuerzo físico de ascenderla, de aproximarse a ella siente verdadero amor por la montaña. Que aprecia su silencio y va en busca de esa serenidad que nos invade allí arriba, rodeados de naturaleza, en perfecta comunión con ella.

Pero por desgracia a quienes así lo sentimos, vemos que de un tiempo a esta parte los valores que mueven a mucha de la gente que sube las montañas, tienen más que ver con la competitividad , el desafío personal, el ser más y mejor, que con el amor y el respeto a la naturaleza.

El objetivo ya  es llegar, no disfrutar, es  lograr, no sentir, tomar esa fotografía con la que poder presumir de algo que no somos. La montaña no es un parque de atracciones, la montaña es ante todo un refugio de vida salvaje y una de las últimas guaridas del silencio, de paz y muchos, cada vez más de quienes acuden a ella,  parecen haber olvidado.

Algo muy peligroso y que últimamente veo es la cantidad de digamos “Nuevos Intrépidos” que por haber escalado un par de veces, se lanzan a llevar a grupos de amigos sin tener en cuenta la gravedad y responsabilidad que esto supone.

Estos últimos fines de semana, en mis habituales salidas lo estoy comprobando, incluso he visto a alguno que ha ido un par de veces conmigo y ahí están con un grupo de quiero pensar colegas, guiándoles y poniendo muy en riesgo sus vidas. Pero más allá de la vida, que es lo más valioso que tenemos lógicamente, quiero entrar en el terreno legal.

Un pequeño accidente, tan simple como una torcedura de un tobillo, puede acarrear unas consecuencias desastrosas ¿están esas personas preparadas para realizarlo? Rotundamente no… no es lo mismo la ciudad que la montaña y mucho menos la escala.

No hay material que valga. Os puedo asegurar que se necesitan años y años de experiencia montañera, practicas y más practicas de socorrismo, rescate en altura, nieve, etc y también  por desgracia el verse envuelto en más de una ocasión en algún recate  para tener la mínima soltura que nos permita realizar dicho rescate con un mínimo de garantías y aún así…

Quiero puntualizar que el responsable legal de lo que pudiese ocurrir, recaerá en quien esté al frente de la actividad. Una pequeña evacuación desde cualquier monte cercano, por un esguince de tobillo no bajaría de unos 6.000 euros más otras consecuencias que derivarían por tal irresponsabilidad ¡imaginaros si el accidentado necesitase hospitalización, sufriese alguna incapacidad o la muerte!

Sentido común y madurez es lo que se necesita. Lanzo estas preguntas para quienes tienen la irresponsabilidad de llevar a gente y a quienes se dejan llevar ¿Operarías a alguien sin ser cirujanos? y ¿os dejaríais operar por un falso cirujano? Pues creerme que esto no es ninguna broma

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