El ejercicio físico cuando los años pesan

Es innegable que cuando envejecemos, sufrimos un proceso en el que los sistemas que componen nuestro organismo degeneran perdiendo su funcionalidad y capacidad de respuesta ante los cambio. Por tal motivo, el riesgo de desarrollar patologías crónicas, sarcopenia, procesos infecciosos, etc… aumenta.

Quizás a muchos os suene “El Síndrome de Fragilidad”, que es un estado geriátrico el cual se caracteriza por la suma de diferentes síntomas que hacen aumentar la vulnerabilidad y posibilidad de padecer eventos negativos.

Basado en evidencias, el ejercicio físico se caracteriza como un gran enfoque no farmacológico para el mantenimiento, la recuperación la mejora física y mental, recurso de la mejora de la memoria, la función cognitiva y la atención en las edades avanzadas, así como una disminución en la limitación funcional y discapacidad en quienes desarrollan una actividad física regularmente.

Volviendo al comienzo, la sarcopenia es uno de los elementos principales de este síndrome. Es una progresiva atrofia del músculo con una pérdida de funcionalidad y correspondiente fuerza. Este proceso desgraciadamente implica un grado de dependencia mayor y un riesgo más elevado de morbilidad y mortalidad.

De todos es sabido, que la pérdida de fuerza y atrofia muscular en las personas de edades avanzadas van acompañadas de las limitaciones en su movilidad. Caídas, patologías asociadas a las mismas y miedo a caer, son muy comunes en esta población, aumentando exponencialmente a medida que aumenta la edad.

Los estudios y años de investigación han demostrado que los mayores cambios en todo el tejido muscular con respeto a un notorio declive dependiente con la edad se dan entre los 60 y 70 años.

La pérdida de masa muscular y fuerza derivadas del envejecimiento es un proceso continuo que se ve acelerado a partir de la 5º década, llegando a un 15% entre la 6º y 7º superando incluso el 30% por década después de la 7º.

Visto esto, podemos deducir que la disminución o falta de actividad física en el proceso de envejecimiento del sistema neuromuscular, representa el punto central en el desarrollo de la sarcopenia y dinapenia.

Por citar un ejemplo, una hospitalización por un período de tiempo reducido produciría una atrofia muscular 3 veces mayor en personas de avanzada edad que en jóvenes ante el mismo período de inmovilización.

Otro dato muy significativo es que la pérdida de tejido muscular no es algo uniforme en todas las regiones del cuerpo, siendo más afectada la parte inferior. Dato importante a la hora de diseñar programas de entrenamiento, teniendo muy presente que la relación entre la disminución de la masa muscular y algunos resultados negativos en la vida de estas personas puede estar medida por la fuerza muscular.

Por consiguiente, todos los profesionales de la salud, deberíamos unir nuestros esfuerzos y conocimientos para promover unos comportamientos saludables, tanto en la población sana, como en aquella que sufre ciertas patologías.

No os digo nada nuevo si insisto en que las personas con niveles más altos de actividad y aptitud fisiológica poseen un menor riesgo de mortalidad.

Así es que recordad:

 “ Un estilo de vida físicamente activo, nos dará una mejor salud en la vejez”

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